Victorias
A partir de la premisa de que pal buen cazador, cualquier lagartijo es pieza, ya hay materia prima para que vuelvan a sonreír los seguidores del Guadalajara como en los buenos tiempos; ya hay motivo para que cesen (o suspendan, al menos) sus invectivas, mediante pancartas en el estadio o mensajes en los medios, contra el actual dueño del juguete; ya hay un argumento de peso para que decreten una tregua unilateral en sus ironías contra el técnico, y ya hay un buen pretexto para que abran un receso en sus cánticos de ¡Ga-lin-do, Ga-lin-do! desde las tribunas del Jalisco.
*
Ya se verá, de aquí a que se cierre el paréntesis que se abrió con motivo de esta jornada dedicada a ejercer la caridad con los damnificados del sureste por los recientes huracanes, si el trepidante triunfo de ayer ante los Jaguares autores, hace poco, de la hazaña de poner el cascabel a un América que ya parecía invencible hace el efecto, por una parte, de devolver a las Chivas al camino de la victoria, y, por la otra, de sellar la plena reconciliación entre los devotos de la causa y sus dirigentes.
Poco habrá de vivir quien no alcance a constatarlo.
*
Por lo pronto, hablando de triunfos resonantes, el 3-0 con que los Pumas doblegaron al Corinthians para remontar el 2-1 adverso del partido de ida y pasar a Semifinales de la Copa Sudamericana, ha merecido dos lecturas…
Una, la tortuosa: un equipo que no ganaba ni en competencias de bebe-leche contra lisiados, que se muestra capaz de ganar con tamaña amplitud a uno de los mejores equipos brasileños de la actualidad, revela que si parecía incapaz de imponerse a los tira-piedras que enfrentaba de ordinario en la competencia doméstica, actuaba, a las claras, en función de un complot para defenestrar a su antiguo timonel.
Y la otra: no ha de ser tan ilusoria, después de todo, la hipótesis de que el futbol mexicano ha crecido en el aspecto cualitativo, cuando cada vez es más frecuente el fenómeno de que agregue a la lista de sus logros, conquistas de tronío, como la del miércoles…, y a la de sus víctimas, elencos tan prestigiosos como el más popular equipo paulista, porque el argumento de que le faltaban cinco titulares es inoperante.
La prueba está en que los gavilanes jugaron con once; no con seis.
Jaime García Elías



Deja tu comentario