Los âpatosâ?
Sin embargo, aĂșn queda un recurso: el milagro…
Los âTecosâ? estĂĄn casi en la misma tesitura que los âTigresâ?: obligados a torcerle el cuello al cisne de la lĂłgica para mantener vivas sus esperanzas de llegar mĂĄs lejos en el campeonato.
Tienen la obligaciĂłn de ganar. Tienen la necesidad imperiosa de hacerlo con un margen no sĂłlo amplio, sino escandaloso: de cuatro goles de diferencia, por lo menos. Tienen el hĂĄndicap que significa jugar el partido de vuelta âhoy, en el caso de los zapopanosâ en calidad de visitantes. Y tienen, encima, el paquete de tener que hacerlo ante un rival que fue claramente superior a ellos durante la temporada regular.
La Ășnica diferencia entre ellos y los âTigresâ?, en el anĂĄlisis de probabilidades, va en contra de los âTecosâ?: ellos perdieron por tres goles de diferencia; los reyneros, por dos. La diferencia es obvia: la empresa de aquĂ©llos, ante el AmĂ©rica, se antoja endiabladamente difĂcil; la de Ă©stos, ante el Monterrey, parece depender de un hecho sobrenatural… o punto menos.
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De hecho, las ventajas que tomaron Monterrey y AmĂ©rica en los partidos de ida de cuartos de final, pueden interpretarse como pasos significativos a favor de que el certamen tenga como corolario la que pudiera llamarse âLa Final Idealâ?.
Los dos equipos universitarios llegaron a la âliguillaâ? como beneficiarios de un sistema de competencia que comercialmente tiene su razĂłn de ser, aunque deja mal parada a la justicia deportiva. Cuestionado y todo lo que se quiera, el sistema en cuestiĂłn ha molestado a los ortodoxos. En contrapartida, ha aportado interĂ©s al certamen, asĂ sea por la vĂa del morbo.
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La posibilidad de que los patos (es decir, los equipos mĂĄs trespeleques de cuantos consiguieron colarse a la âliguillaâ?) le tiren a las escopetas (los favoritos AmĂ©rica y Monterrey, avalados en esa calidad por sus nĂșmeros de la temporada regular), estĂĄ casi por completo descartada, despuĂ©s de los resultados de miĂ©rcoles y jueves. Sin embargo, todavĂa pudiera ser que la sorpresa se diera en la siguiente ronda, si llegara a suceder que los vencedores de los duelos Necaxa-Pachuca y Cruz Azul-Toluca (o uno de ellos, al menos), en la fase de semifinales, le pusiera el cascabel en el pescuezo a cualquiera de los dos gatos que hasta ahora parecen tenerlas todas consigo para disputarse los diplomas de reyes del tejado.
Jaime GarcĂa ElĂas



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