A propósito…

Retorcijones

Decidido —o aconsejado, quién sabe…— a dejar por la paz el “caso Cuauhtémocâ€? y similares, y a dedicar a cosas más útiles el tiempo, Ricardo La Volpe ya advirtió a los periodistas que, en lo sucesivo, por lo menos de aquí al Mundial, limitará sus entrevistas a “una, o a lo sumo dos a la semanaâ€?… y que sólo hablará de futbol.
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Visceral, verborreico y deshilachado como hasta ahora ha demostrado ser —es un Cantinflas sin un gramo de gracia—, falta ver si es capaz de cumplir esa promesa.
Hay antecedentes desmoralizantes: cuando lo designaron entrenador de la Selección, salió al paso de los cuestionamientos que le hicieron los periodistas, con una atenta petición: que le dieran la oportunidad de demostrar que era capaz de cambiar. Después de la “luna de mielâ€?, cuando comenzaron los inevitables roces —un entrenador sólo estará exento de críticas cuando dé con la fórmula para inventar el equipo invencible—, pidió una segunda oportunidad…
Para no hacer largo el cuento, ahora La Volpe se precia de que, para no amargarse la boca, prefiere abstenerse de leer periódicos y de ver y oír programas deportivos de radio y televisión.
Por supuesto, está en todo su derecho… aunque no deja de sorprender cómo le hace para fundamentar las filias y fobias que tiene —y que no se preocupa en soslayar— con respecto a tales o cuales medios.
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Si La Volpe cumple su propósito de sólo hablar de cosas sustanciosas relacionadas con la Selección, vendrán tiempos malos para quienes “nutren� con chismes, con dimes y diretes, con paja verbal, las notas relacionadas con asuntos que muy bien podrían tener una poca de sustancia. Y vendrán malos tiempos, en consecuencia, para quienes se han acostumbrado a que ese sea el nivel en que se manejan los tópicos futbolísticos.
En todo caso, no deja de despertar el morbo de los observadores, comprobar si el responsable de la Selección Nacional, tan dado a hablar con el hígado y a exhibir en sus declaraciones más sus complejos que sus conceptos, es capaz de respetar sus propias reglas.
Si lo consigue, habrá derecho a reclamarle (con todo comedimiento, por supuesto): ¿por qué perdió estos tres años, y ofendió a tanta gente, y se ganó tantas antipatías, y probablemente debió soportar tantos retorcijones, cuando desde el primer día pudo haber establecido esa saludable norma…?

Jaime García Elías

Acerca del autor

hefebreo

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