A propósito…

Saber perder

Saber perder puede ser más importante que saber ganar.
No es que se pretenda dar a la derrota, como regla, más valor que a la victoria. En el deporte, como en la vida, el triunfo es el objetivo… Sin embargo, puesto que aún no se descubre la fórmula infalible para lograrlo —ni siquiera Napoleón se fue invicto de este mundo—, la derrota, en el futbol y en todos los órdenes de la vida, puede ser un imponderable… o un accidente: se tuvo una preparación adecuada; se hizo el esfuerzo, pero, una de dos: o se atravesó el infortunio (una coincidencia de factores adversos)… o, simplemente, el adversario fue mejor.
Saber perder, en consecuencia, entendido como tener la serenidad de juicio para entender por qué se frustró la empresa —qué pudo hacerse mejor, qué debe corregirse— puede ser más importante que ganar; entre otras cosas, porque ese análisis puede acrecentar, en la próxima empresa que se acometa, las posibilidades de triunfo.
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Entre los grandes derrotados de la campaña cuya fase regular terminó el domingo en el futbol mexicano, hubo dos actitudes criticables: una, la de Pep Guardiola y algunos dirigentes del Dorados; otra, la de Duilio Davino con el América.
Guardiola y compañía estaban advertidos: la regla del porcentaje para determinar el descenso, como ley, en efecto, es sumamente imperfecta. No es equitativa. Es descaradamente proteccionista. Pone en desventaja al equipo recién ascendido… Sin embargo, si esa ley sigue vigente es porque quienes han tenido la sensatez para advertir sus flaquezas y supuestamente tienen el estamento para tratar de sustituirla, no han sido capaces de promover su abrogación o derogación, proponiendo, para el efecto, otra norma más idónea. Mientras no la cambien, en consecuencia, como dicen los franceses, “la loi c’est la loiâ€? (la ley es la ley). Punto.
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Duilio Davino, mientras no se demuestre lo contrario, acabó de estropear la campaña del América. Encima de la impotencia, vergonzosa en un equipo que hace alarde de sus recursos económicos y futbolísticos, las acusaciones —vía declaraciones de prensa— contra el árbitro Germán Arredondo, por insultos y ofensas (vocablos que, por cierto, no son sinónimos: los primeros son simples epítetos; las otras implican calificativos. Aquéllos salen del hígado; éstas, de la cabeza).
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Moraleja de la historia: no saber ganar es lamentable; no saber perder, en uno y otro casos, es patético.

Jaime García Elías

Acerca del autor

hefebreo

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