A propósito…

Fantasía

Ese fue el desenlace: el infierno para los alemanes, la gloria para los italianos.
Cuando ya se preparaban la túnica y el birrete para colocárselos nuevamente —como en el partido de cuartos de final contra Argentina—, a Jens Lehman, en cuanto se llegara a los penalties, el diablo metió la cola: Fabio Grosso se encaramó en el pedestal y Alessandro Del Piero se colocó la aureola…
Fueron ellos, por una parte, los sorpresivos héroes de la jornada. Suya fue la proeza de dar a Italia el pase para su sexta Final de la historia.
Serán ellos, por la otra (un poco como lo han sido Schiaffino y Ghiggia, los grandes villanos del “Maracanazo”, para los brasileños, desde hace 56 años, a cumplirse el próximo día 16), los protagonistas estelares de la pesadilla predilecta, de por vida, de miles de aficionados alemanes.
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A reserva de las virtudes que muestre el finalista que surja hoy del duelo entre Francia y Portugal y de las armas secretas que pueda guardarse para la Final, los “azzurri” confirmaron ayer su estatura de aspirantes formales. Buffón y sus gendarmes siguen intransitables (el único intruso en su marco, en este Mundial, fue un autogol, ante Estados Unidos), y a la ofensiva han tenido la fantasía, la creatividad y la contundencia que se suponían exclusivas de los brasileños… Con otra: que no han quemado en infiernitos la pólvora de que disponen: la han sacado a relucir en las dosis estrictamente necesarias para ganar sus partidos… y para llegar hasta donde han llegado.
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Sin detrimento de los atributos que han permitido a Portugal ser una de las sorpresas agradables de este Mundial, si Francia —que tiene más “pedigrée” en estos lances— llega a la Final, el domingo estarán frente a frente, disputándose el título, como protagonistas del encuentro más importante que cada cuatro años se realiza en el mundo del futbol, las dos escuadras que mejor han jugado en este certamen.
Galos e itálicos, en efecto, sin perjuicio de trabajar los resultados (como hicieron ayer los “azzurri” durante los 90 minutos de juego normal), han tenido la astucia, la imaginación, el talento y el buen gusto de saber en qué momento destapar el frasquito de las esencias para conseguir los dos objetivos esenciales de la competencia y el espectáculo: conseguir el resultado… y embriagar de buen futbol a los espectadores.

Jaime García Elías

Acerca del autor

hefebreo

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