EL jugador de Alemania 2006

Bueno, terminó el Mundial y estoy sumido en un estado depresivo lacónico. Ya no tengo motivos para despertarme antes de las 2:00 pm. Y lo peor es que ni siquiera fue un Mundial especialmente bueno. Ni apasionante, ni bien jugado. Admito, de gran tensión y nerviosismo, pero sin genialidades ni juegos inolvidables (con sus contadas excepciones, ni duda cabe). Desde hace algunos mundiales, lo que rodea al Mundial ha rebasado al futbol. La gran cantidad de intereses e interesados que fluyen a través del juego están amenazando con engullirse al deporte para automatizarlo, uniformarlo, y hacer de los que lo juegan meros empleados (o productos) destinados a cuidarse para que su cotización no baje o, más dramáticamente, no perder su puesto.

Pero es definitivo, esta peligrosa institucionalización del futbol -que ya lleva muchos, muchos años pero desde hace algunas décadas ha empezado a materializarse- preocupa hasta los altos mandos de la FIFA. El mismo Blatter declaró hace unos días sobre la necesidad de hacer fuertes alteraciones al juego en su concepción fundamental para devolver (quiero pensar) habilidad, espontaneidad, atletismo y genialidad al juego. Parece que la idea de arriesgar para ganar atacando y cediéndole paso al futbol va quedándose rezagada con unos cuantos románticos (espíritu por el que siempre he respetado muchísimo a La Volpe) que están destinados a perder, de la manera más dramática, pero a perder.

Por eso no debe extrañarnos que ganen los italianos. Por supuesto que los italianos tenían que ganar Alemania 2006, un Mundial que ha tomado como paradigma al estilo de juego de los azurri para representar el “espíritu futbolístico” al que buena parte de los equipos se suscribió: siendo campeones evitando perder, no necesariamente ganando. Como tal yo respeto al equipo de Italia y el hecho que hayan ganado el Mundial (con muchísima suerte y todo) jugando bien (que bueno, les falló justo en la final) y con un sistema definido impecable, donde cada elemento juega su papel y lo ejecuta a la perfección, como una gran máquina futbolística. Se supone que eso es un equipo, ¿no?

Pero yo sentí bien chingón cuando Zidane le puso ese cabezazo a Materazzi. Es verdad que fue una acción egoísta que dejó cojo al equipo cuando más lo necesitaba, y como tal se le puede juzgar como un enorme error de juicio, pero la determinación con la que se cargó al equipo al hombro y lo llevó hasta la final le da cierta autoridad para definir el destino de su equipo. Y sea lo que sea que Materazzi haya dicho, ver una erupción así, totalmente fuera del libreto de una figura como Zidane, que no ha recibido más que alabanzas a lo largo de este Mundial, recordé porque el tipo es quien es. Ese carácter que ya es difícil ver en un futbol y en unos futbolistas totalmente domados por la corporación a la que pertenecen, donde se habla más de fair play y los patrocinios que hacen de este un espectáculo redituable y para toda la familia. Pues no señor, a veces también debe ser un deporte de huevos, de perder los estribos, de ponerle una patada al rival y que te expulsen y ni modo. Si el error humano por parte del árbitro es algo intrínsecamente ligado al juego, también el error del jugador. Por eso está diseñado así, para que si el jugador la caga, él y su equipo sufran las consecuencias.

En suma, quizá Zidane no dio jugó su mejor futbol durante el Mundial, y quizá la regó categóricamente, pero su actitud representa un carácter y una personalidad prácticamente extinta en el balompié. En un futbol plagado de planteamientos timoratos y jugadores como Cristiano Ronaldo dispuestos a hacer lo que hizo a un compañero de equipo (fair play mis huevos). En fin, tan sólo es el final de un Mundial y aunque parezca largo, cuatro años se van rapidísimo; además, quisiera creer que la monotonía y sistematización de buena parte de Alemania 2006 hará poner las cosas en perspectiva y replantearse muchas cosas a la FIFA, que corre el riesgo de dejar entrar en decadencia al deporte que representa si sigue dando prioridad a parámetros económicos para tomar las decisiones que toma. Y de igual manera, quisiera creer que aunque el futbol siga por este rumbo, siempre habrá jugadores como Torres, Nedved, Cannavaro, Figo, incluso Márquez, y sí, Zidane, que, aunque sufrieron diferentes suertes en el Mundial, pueden cambiar un partido por sus purititos huevos.

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